“La Magia de la Luna y los misterios de las mujeres”
Sólo con leer una parte de la historia de los misterios se entiende que hay determinados rituales y tipos de rituales que pertenecen exclusivamente a un sexo. El hombre tiene misterios específicos, y lo mismo sucede con las mujeres. Esto es algo que se subestima a menudo en el ocultismo moderno, por el énfasis que se pone actualmente en el mundo en la igualdad entre los sexos. Pero hay ocasiones en que cada sexo necesita tener experiencias espirituales y religiosas exclusivas.
Como soy una mujer, poco puedo hacer para explicar los misterios masculinos. Pero sí puedo explicar algo de los pertenecientes a mi propio sexo.
En primer lugar, he de decir que este tema es tan vasto como la imagen de la propia madre cósmica; siendo así, no tengo otra opción que dar la más simple ojeada al tema, pero como sé que muchas mujeres se sentirán interesadas por este aspecto de lo oculto, incluyo una lista de libros (en absoluto todos los títulos que podría haber dado) que creo que son los mejores para empezar.
A lo largo de la historia, es evidente que la mujer se ha visto implicada en el corazón mismo de la fe religiosa. Ella ha sido la sacerdo¬tisa honrada, la profetisa inspirada, la enigmática pitonisa, la reverenciada heterae o prostituta del templo, e incluso, en Bizancio, obispo, santo, visionaria y reclusa. También ha sido el blanco de las puntas de la cristiandad, envilecida como la portadora del pecado al mundo, condenada por los deseos de los hombres, incluyendo en algunos casos los de los sacerdotes que la condenaban. El mayor machismo de la historia se produce en la biblia cuando Adán le dice a Dios: «la mujer me lo dio de comer y yo lo comí»… ignorando absolutamente el hecho de que había podido elegir.
Por estar vinculada a un ciclo mensual, la mujer ha considerado siempre a la luna como su deidad particular, y al mar como su símbolo. Así tenía que ser, pues la propia vida surgió del mar, lo mismo que surge de la mujer embarazada. Habrá observado quizá que en este libro doy a la deidad el título doble de creador/ creadora; es algo deliberado, pues para mí Dios está más allá del concepto de pertenecer a un sexo u otro, pero el potencial dual está allí y debe ser reconocido.
El viejo papel de la mujer como sacerdotisa quedó erosionado por el cristianismo, y sobre todo por San Pablo, quien proviniendo de una escuela de los misterios debía conocer bien el tema. La mujer está ahora volviendo y esforzándose por recuperar su posición perdida tanto en la iglesia como en el aspecto de la igualdad con el hombre. Pero de algún modo, y esto es tan sólo una visión personal, he visto siempre su mayor potencial en el papel de la gran madre, tanto fértil como estéril, la antigua diosa, virgen, esposa y madre. Capaz de dirigir, como hizo Hypatia, la gran biblioteca de Alejandría; de inspirar a algunos de los hombres más importantes del mundo, como Cleopatra, capaz de gobernar un gran reino, como hizo Isabel I. La gran fuerza de la mujer está en que puede hacer la mayor parte de las cosas que hace un hombre (con escasas excepciones…) y parir hijos, cuidar de la casa, dirigir un negocio y seguir siendo un canal para la diosa del amor.
La mayoría de los misterios de la mujer están relacionados con la magia de la luna virgen o la luna de la tierra maternal. Pero en primer lugar deshagámonos de las malas interpretaciones de la palabra virgen. ¡Puede tener usted 45 años, estar casada, con tres hijos y seguir siendo una virgen! En su uso más antiguo, la palabra significaba simplemente «una mujer que no pertenece a ningún hombre». A menos que pertenezca usted a una religión en donde una mujer es realmente de su esposo o de su padre, esto se aplica a todas las mujeres.
Veamos otra palabra que se ha convertido en un insulto, la de prostituta. En el mundo antiguo, las prostitutas del templo eran muy respetadas, y consideradas como las restauradoras de la fertilidad en la tierra. Cuando aparecieron las nuevas creencias, fueron arrojadas y tuvieron que ganarse la vida del único modo que conocían. Desde entonces, ese título, en otro tiempo orgulloso, ha degenerado hasta convertirse en algo barato y horrible. Pero como en muchas ocasiones, hace tiempo la situación era distinta.
Los misterios de la luna se centran alrededor de las diosas vírgenes, aunque a veces éstas se superponen, como en el caso de Isis, con el tipo de la diosa tierra. Algunas diosas lunares eran castas, pero otras parecen haber hecho sus correrías. Incluso Diana o Artemisa, tal como cuenta la leyenda, raptó al joven pastor Endimión y le encantó dándole un sueño permanente mientras estaba echado en una cueva consagrada a la luna. Allí le disipaba todas las noches.
La magia lunar es la de la noche, la de las cosas que crecen en la oscuridad, y por esa razón plantamos las semillas en luna creciente. Es el lado oculto del poder femenino, vinculado con su sexualidad, y por tanto con su poder mágico, pues como se ha mencionado en otros lugares todo poder mágico empieza como el poder creativo natural centrado en el área genital.
Como la luna afecta de un modo u otro a toda la vida, por lo que respecta a la magia la mujer tiene ventaja sobre el hombre. Pues para todas las mujeres es un don natural, se encuentran más a gusto en los niveles interiores, pueden trabajar en ellos durante períodos más largos y tienen acceso a sus fuentes de poder por medio de sus vinculaciones lunares y terrestres. Si piensa en ello, se dará cuenta de que toda la magia es algo que crece, pues no importa qué tipo de ritual realice, ni con qué propósito, la finalidad será el «crecimiento» de una idea para pasar por todas las fases del devenir hasta llegar a manifestarse. El pensamiento es creativo y las mujeres «piensan» muy bien en los niveles interiores.
Los mejores rituales son aquellos realizados por un trío formado por un hombre y dos mujeres, tal como descubrirá al llegar al ritual con el que termina este capítulo. En un templo, una mujer llega hasta el interior de sus fuentes de poder femenino, y trae al templo poder puro; el hombre, por su poder natural, funciona mejor en el nivel manifestado, y puede entonces el poder femenino al área, dirección o intención requeridas, y poner en marcha todo el proceso. Es una igualdad natural, y cada uno es supremo en su propio lugar.
El otro aspecto de la magia femenina es el de la tierra, la antigua diosa del trigo, la base de los misterios de Eleusis. También se relaciona con el crecimiento. La luna rige la plantación y es la fuerza que la saca de la calurosa oscuridad de la gestación hacia la luz, donde los misterios telúricos la elevan para que madure. Esta es la secuencia natural de los actos mágicos.
Como parece sostener los hilos de la vida y la muerte, los dos misterios más importantes de todos, la mujer, en cuanto que sacerdotisas, ha sido siempre temida por el hombre. Es notable su capacidad para el amor y para el odio, lo mismo que su potencial mágico. Pero primero debe aprender a conocer su ser lunar interior así como su ser telúrico exterior. Tiene que conocer sus oscilaciones cíclicas de estado de ánimo y utilizarlas en su trabajo mágico. Puede trabajar sola o con otra mujer, pero el lugar real para ella es al lado del hombre, no delante ni detrás, sino al lado, compartiendo el poder y la responsabilidad. De todas las antiguas religiones, la que mejor entiende es el arte.
Incluso ahora, en los tiempos modernos, una mujer parece «quedar aparte» durante su ciclo menstrual, los hombres todavía siguen huyendo cuando se les menciona «esos momentos», pero es precisamente el momento en que la mujer se encuentra en su máxima capacidad mágica. El poder de la luna está sobre ella, tal como dice el viejo refrán. Una mujer de edad avanzada que había pasado toda su vida practicando el arte, me dijo en una ocasión que «cuando fluye la sangre fluye el poder, y la mujer reina» Como maga practicante, sé que es cierto y a veces se ha retrasado un ritual para que coincida con mi ciclo, pudiendo utilizar así el flujo de poder extra. A veces, si un ritual ha ido muy bien, ha hecho que un período se adelante, y el poder se puede basar en el poder extra si el momento es adecuado.
Una de las cosas erróneas de la vida moderna es que no hay ritos de paso. Una joven empieza a menstruar y si tiene suerte entiende lo que está sucediendo y se prepara para ello; si no, se asusta, y ese acontecimiento se traduce en algo odioso que estropea su vida. En la escuela de los misterios, es elegida para la iniciación a los misterios femeninos en esos momentos. Es algo esperado como un gran acontecimiento. Hoy en día es considerado como la «maldición», nombre feo y falso. Es una bendición, pues los cambios hormonales ayudan a la piel a mantener su flexibilidad, mantienen el cabello brillante y todo el cuerpo entonado. Una joven debe aprender que en esos momentos su cuerpo funciona exactamente como debe para mantener su salud. Es extraño, pero cierto, que el trabajo mágico, especialmente el ritual, haga dos cosas por una mujer; mantiene su ciclo en funcionamiento durante más tiempo que en las mujeres que no practican la magia. También tiene un efecto sobre su cabello, dándole mayor espesura y haciéndole crecer con mayor rapidez. No es en absoluto inusual que la menstruación funcione normalmente bien a mediados de los 50 años, manteniendo la piel clara y sin arrugas, y conservando los impulsos naturales del cuerpo.
Me gustaría que las jóvenes aprendieran a esperar el inicio de sus ciclos lunares como un acontecimiento de su vida, una entrada a la vida de mujer con todas sus alegrías, lágrimas y expectativas. Preparé a mi propia hija de ese modo, y si soy bendecida con alguna nieta espero que aprenda lo mismo.
En los últimos años, muchos libros han abordado la causa de los misterios de las mujeres, algunos valiosos y otros menos. Podría utilizar el resto de este libro para el tema, pero un grano de práctica vale tanto como un kilo de teoría, por lo que me limitaré a darle un trabajo práctico destinado exclusivamente a la maga.
Si trabaja sola no hay problema, si trabaja dentro de un grupo prepare una o dos noches al mes para dedicarlas a los misterios femeninos. Para que todo esté equilibrado, los hombres también pueden tener sus noches especiales. De este modo el templo crecerá de un modo equilibrado y se convertirá en un recinto verdaderamente sagrado.
Es mejor que sean dos o tres, pero aunque esté a solas puede hacer mucho para implantar la semilla de la magia lunar y telúrica en el templo. Controle primero su ciclo y marque sus estados de ánimo cambiantes, eligiendo después aquellos momentos en los que se siente mejor y aquellos en que se siente más baja. Son sus extremos del estado de ánimo. Lea algunos de los libros recomendados y seleccione alguna de las antiguas formas divinas y medite sobre ella. Vea a la diosa como una extensión de sí misma hacia los niveles superiores, y véase a sí misma como una extensión de la diosa a este nivel terreno. Examine los símbolos y atributos de esa diosa. Trate de abrir su ser interior a ese poder particular, y manifestarlo, primero dentro del aura, y luego dentro del templo, y después fuera del templo. Eso significa que al cabo de un tiempo podrá actuar como canal para el poder de esa diosa en su vida cotidiana, y no sólo dentro del recinto sagrado. Haga esto cuando se sienta en lo más alto de su ciclo.
Cuando llegue el momento bajo, invierta el proceso, y en lugar de mirar hacia fuera y traer poder al mundo utilice el ritual siguiente para llevar la mente hacia el interior, hasta el núcleo de su feminidad. El ritual se basa en una antigua leyenda que retiene la memoria racial de un ritual real. Se llama el descenso de Ishtar. Necesitará el templo como se ilustra en la figura siguiente. Tendrá que utilizar una túnica, algún tipo de tocado, pendientes, collar, un broche sujeto sobre el centro del corazón, brazaletes, un anillo y un par de sandalias. Deberá estar desnuda bajo la túnica, salvo por un cordón o ceñidor.
En este ritual hay papeles para tres mujeres, pero si trabaja sola o sólo son dos, los papeles extras pueden ser grabados en cinta y utilizados de ese modo. Cada mujer será Ishtar por turnos. Después podrá realizarlo dos o tres veces al año como un simple trabajo de sendero.
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